Cómo planear una boda en la playa
Qué pedirles a tus invitados que traigan, qué le hace el viento a tu decoración, y las flores y sillas que aguantan un día en la arena.
Una boda en la playa es otra forma de dar el sí, y casi todo lo que la hace funcionar es práctico más que estético. Dos cosas la definen: lo que tus invitados traen consigo y si tu decoración resiste el viento.
Diles a tus invitados qué traer
Vienen a un entorno de selva tropical, digan lo que digan las fotos. Además del pasaporte y el teléfono, necesitan protector solar y repelente de mosquitos, y vale la pena decírselo, porque la mayoría no lo pensará.
Para la ceremonia: sandalias o chanclas, lentes de sol, un sombrero si es a pleno sol. Telas ligeras, sedas transparentes y gasas se mueven bien y siguen viéndose elegantes. Tacones que no se hundan en la arena. Algo abrigador para más tarde, porque la brisa cambia, y un paraguas si el pronóstico es incierto.
Un pequeño detalle que salva las fotos: el cabello recogido. El sol y la brisa del mar deshacen cualquier otro peinado en menos de una hora.
Decoración que resiste el viento
En esta costa el paisaje ya es el tema, así que la decoración solo tiene que acompañarlo. Lo que sí tiene que hacer es quedarse donde la pones: flores, velas, listones y globos salen volando, y también los menús, las servilletas y las tarjetas de mesa si no tienen peso.
Las sillas de acrílico o de madera son las más fáciles: se montan rápido y se secan con un trapo después de la lluvia. Pide centros de mesa y candelabros pesados en lugar de ligeros. En flores, los crisantemos, los alcatraces, la protea rey y las orquídeas aguantan bien. La fruta y las conchas agregan color sin agregar nada que pueda salir volando.
La comida
Sirve algo propio del lugar donde estás; en México, eso no es difícil. Sea cual sea el menú, asegúrate de que las opciones veganas y sin gluten estén incluidas desde el principio y no se resuelvan el mismo día.